La Responsabilidad Social Corporativa de Esker contra la brecha digital

 

El punto de partida básico de la Responsabilidad Social Corporativa de una empresa es el cumplimiento de las obligaciones legales, fiscales o laborales. Sin embargo, la RSC va más allá, pues significa que la empresa se debe de aportar valor a su entorno, no solo desde el punto de vista económico sino también medioambiental y social, a corto y largo plazo. Esta concepción de la empresa como agente social, que procura el desarrollo sostenible de su actividad, beneficia desde todos los puntos de vista a la propia empresa y a sus grupos de interés.

Esker concibe la RSC como parte integral de su estrategia de negocio. En primer lugar, es consciente de que impulsar la automatización de procesos documentales en las empresas impacta positivamente en la rentabilidad, pues permite ahorrar en costes y ser más eficientes en los procesos, e influye también en la mejora del medio ambiente, al limitar el uso del papel y de consumibles contaminantes.

Además, también se siente responsable de comprometerse en acciones de mejora social. La más reciente es su colaboración con el proyecto Gen10s, financiado por Google, del programa Aquí También de Ayuda en Acción en el Colectivo Tetuán Ventilla en Madrid, que tiene como objetivo luchar contra la brecha digital y de género. La actuación concreta de Responsabilidad Social Corporativa de Esker ha consistido en comprar los ordenadores y apoyar todo el proyecto del Club Gen10s en el barrio de Ventilla, con el objetivo de despertar el interés de sus jóvenes por la tecnología y fomentar vocaciones en esta área.

Muchos de estos chicos/as viven en contextos difíciles y, en muchos casos, proceden de diferentes países y culturas, lo que ha enriquecido enormemente el trabajo y ha supuesto un reto mayor.

El 12 de marzo comenzó la primera de las ocho sesiones previstas sobre fundamentos básicos de programación, que se prolongaron hasta el 21 de mayo. Con el fin de enseñarles a utilizar la programación de manera creativa, se propuso a estos jóvenes un reto tecnológico, que conllevaba aunar aprendizaje y servicio. Bajo el lema “Mi barrio ideal”, tenían que reflexionar sobre los problemas que hay en el barrio, su entorno más cercano, para proponer mejoras y ser agentes de cambio a través de herramientas tecnológicas.

Durante las sesiones del taller, los/las participantes identificaron los problemas del barrio, idearon soluciones y se pusieron manos a la obra para realizar prototipos. Después, se abrió un proceso para probarlos, seleccionarlos e implementarlos.

La última sesión consistió en la exposición de los proyectos: cinco juegos programados con Scratch, relacionados con una acción que permitiría mejoras para construir así su barrio ideal. Desde un juego relacionado con la construcción de parques para niños/as y personas mayores o pistas deportivas, hasta la recogida de basura o el asfaltado de las calles.

Esker estuvo presente en esa exposición y pudo comprobar cómo ayudan estas acciones de responsabilidad social corporativa a promover la igualdad de oportunidades, abriendo a los jóvenes –en especial a los que viven en contextos de exclusión- nuevas posibilidades y áreas de desarrollo, tanto a nivel meramente formativo como a nivel profesional.

Según palabras de Iliyan, partícipe de esta iniciativa, queda demostrado la importancia de llevar a cabo este tipo de proyectos y acercar la tecnología a todos y todas: “He aprendido a programar gracias a la profesora y como estoy haciendo un curso sobre dinamización de TIC, Scratch me ha servido para aprender más y avanzar. Mi juego lo hice para darle un mensaje al ayuntamiento para que arreglen las calles”.

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