Peones y figuras en la Cuarta Revolución Industrial

Revolución industrial

Llevamos ya años con el debate sobre si los robots terminarán quitándonos los trabajos, si correremos la misma suerte que los animales de tracción en la Primera Revolución Industrial. Pero ha llegado 2020, y todo ha dado un vuelco. Mientras actividades, negocios o hábitos de vida han parado en seco, algunas tendencias y vaticinios se han acelerado. Y una de ellas es el avance de la automatización. Es lo que señala el World Economic Forum en su estudio Future of Jobs 2020, publicado recientemente. Como consecuencia de la recesión general ocasionada por el Covid-19, en apenas dentro cinco años, la fuerza laboral se repartirá al 50% entre máquinas y humanos.

En concreto, apunta el estudio, la tasa de automatización de trabajos en las empresas llegará al 47% en 2025, frente al 33% actual. Por lo que respecta a los empleos desempeñados por personas, pasarán del 67% al 53% en ese mismo período. De esa nueva relación de fuerzas en las empresas se derivará, concluye el WEF, un aumento de la desigualdad. Y los empleados que se salven de la quema, los que consigan mantener su puesto, deberán apresurarse a formarse en nuevas competencias o afianzar las que ya tienen, si no quieren correr la misma suerte.

Robots en trabajos esenciales

Ciertamente, durante la pandemia se ha acelerado la “contratación” de robots para trabajos esenciales. En hospitales, almacenes, supermercados… Aparte del ahorro de costes que suponen en momentos de reducción de ingresos por parte de las empresas, está el argumento de la seguridad: las máquinas no necesitan tomar las precauciones que los humanos hemos tenido que aplicarnos. Y para actividades en las que no es factible el teletrabajo, poner a un robot a hacer las tareas presenciales puede ser la solución. Así, se los ha podido encontrar desinfectando locales, controlando existencias, llevando muestras de laboratorio o atendiendo directamente a los pacientes en un hospital.

Por otro lado, los nuevos hábitos de consumo también parece que están favoreciendo la automatización. Investigadores de la Universidad de Oxford estiman que, en el contexto actual de crisis, los consumidores tienden a ser más cautos, lo que significa que “consumirán productos más baratos y servicios más baratos, que suelen ser los que se sirven de la automatización«.

Si no puedes con el enemigo, únete a él, podría decirse. Esto es, en cierto modo, lo que estima el célebre maestro de ajedrez Gary Kasparov. Él supo lo que es perder con una máquina, el super ordenador Deep Blue, de IBM, hace 23 años. Desde entonces, se ha dedicado a estudiar la relación entre humanos y máquinas, y ha llegado a la conclusión de que la clave no es luchar contra ellas sino trabajar con ellas. Y de que, más que a la tecnología o a la inteligencia artificial, a quien debemos temer realmente es a las malas personas.

Kasparov es consciente de que no perdió con Deep Blue porque éste fuera más inteligente o mejor ajedrecista que él, sino, simplemente, porque podía calcular 200.000 movimientos por segundo sin cometer errores. De ahí que entienda que “la IA es una herramienta muy poderosa, pero creada por nosotros y así hay que entenderla, como una herramienta con la que mejorar nuestra vida”. Nuestro reto, entiende, es encontrar la vía correcta por la que conducir esa tecnología.

Se crearán 97 millones de puestos de trabajo

Encontrar esa vía pasará, entonces, por encontrar nuestro sitio las oficinas y fábricas cada vez más pobladas por robots. Será la alternativa para seguir siendo protagonistas en la Cuarta Revolución Industrial y no pasar a la reserva. El mismo estudio del WEF estima que, además los puestos que serán reemplazados por las máquinas, la propia presencia de éstas podría propiciar la creación de otros 97 millones de puestos de trabajo, gran parte de ellos en las industrias tecnológicas como la IA, y también relacionados con la creación de contenidos.

En línea parecida, otro estudio, este de EY y Future of Work, revela que la capacidad que más van a demandar las empresas en los próximos años es la creatividad, por encima de la recopilación y evaluación de información o el análisis de información numérica, aptitudes también muy solicitadas. Y, en defensa de las personas, señalan los autores que “en las organizaciones hay mucho conocimiento tácito, del día a día, que la propia empresa no puede explicar, solo podría hacerlo algún compañero que ya se dedique a eso”. O podemos remitirnos también al consejo de un asistente de formación del Centro de Aprendizaje Técnico Industrial (InTech): “Quedaos en trabajos que después vayan a hacer los robots. Tenéis que ser la persona que arregla el robot. Eso es seguridad laboral y buenos sueldos”.

Mejor, figuras que peones

Es evidente que debemos prepararnos. Pero, ya que nos hemos referido colateralmente al ajedrez, podríamos volver a él para hacer una reflexión. De las dieciséis piezas que integran cada ejército (o léase equipo, plantilla…), la mitad son peones y la otra mitad, lo que llamamos figuras. Si nos atenemos a lo que nos dicen el WEF y otros analistas, deberemos hacer lo posible por convertirnos en éstas últimas. Es decir, conseguir la especialización horizontal y vertical de la torre, la visión transversal del alfil, los ágiles movimientos del caballo o, a ser posible, la versatilidad y omnipresencia de la reina. Si el rey o la empresa -o el que mueve las fichas- se ven en problemas, siempre preferirán sacrificar un peón. Y será el trabajo de éstos el que realicen las máquinas.

Ah y por si acaso, procuremos jugar siempre con blancas.

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