Más ambición con el e-invoicing

E-invoicing

Recientemente, este blog exponía la buena salud de la factura electrónica en Europa, donde avanza a pasos agigantados avalada por las garantías de interoperabilidad y trazabilidad que ofrece este sistema. Este momento dulce para el e-invoicing se está viendo reforzado, además, a golpe de legislación. Y es que desde abril del año pasado y gracias a la Directiva 2014/55/UE, todas las Administraciones Públicas de primer nivel de la Unión Europea (UE) están obligadas a recibir y procesar sus facturas electrónicas en dos formatos definidos por la Norma Europea 16931: UBL 2.1 y CII 16B. En el caso de las Administraciones que no sean centrales, el plazo para adaptarse se extendió hasta abril de 2020.

Esta Directiva, claro está, tiene un doble sentido, puesto que emisor (las empresas) y receptor (Administración) han de adaptarse, pero lo que podría concebirse como una mala noticia o una nueva traba burocrática añadida es, en realidad, un hecho muy positivo, puesto que viene a derribar barreras comerciales en Europa, precisamente, en momentos de incertidumbre comercial con la guerra arancelaria abierta desde EEUU o el Brexit en proceso de consumación.

Con todo, no podemos obviar que previo a este paso por parte de la UE, la lista de países en los que el e-invoicing era obligatorio en B2G era muy extensa: comenzando con la pionera Dinamarca, que ya en 2005 impuso la obligatoriedad; seguida de sus vecinas nórdicos Suecia (2008) Noruega (2011) y, posteriormente, Italia, Austria y Moldavia en 2014; España en 2015, Suiza, Croacia y República Checa en 2016; Estonia, Lituania, Bélgica, Francia, Países Bajos en 2017 y Alemania en 2018. En el furgón de cola, Portugal y Polonia y Grecia.

¿Cuál es entonces el gran logro de la Comisión Europea y el Comité Europeo de Normalización (CEN)? Que ahora no solo será obligatorio el e-invoicing en las relaciones B2G sino que, además, en toda Europa se hablará el mismo idioma, eliminando una barrera más en las relaciones comerciales entre Estados miembro. Este formato común está llamado a simplificar las relaciones comerciales, mejorando en eficiencia, optimizando la gestión de los pagos y los cobros y ahorrando en costes. Desde la UE estiman que sólo entre 2015 y 2017 la factura electrónica proporcionó un ahorro, tanto a las Administraciones Públicas como a las empresas, cercano a los 1.000 millones de euros. 

Más ambición

Expuesto el paso de gigante que ha supuesto la llegada de la Norma Europea 16931 para el mundo B2G en Europa, cabe preguntarse. ¿Es suficiente?  Y la respuesta claramente es no. Señalados los beneficios que trae esta medida en un periodo de incertidumbre económica como el que vivimos, ¿por qué no extender estas ventajas al B2B? Ese es el objetivo, siguiendo los pasos de países como Italia, en donde ha extendido la obligatoriedad del e-invoicing a este segmento o de Reino Unido, que también lo impone en determinados sectores, como Defensa, o, incluso, Turquía, que hace lo propio con las compañías de hidrocarburos o que comercializan productos con impuestos especiales como el tabaco o el alcohol.

Dado que ya contamos con un nuevo estándar, parece lógico ampliar su alcance para fortalecerlo aún más. Imaginaros el alivio que supondría para las empresas italianas, obligadas desde el 1 de febrero de 2019 a tramitar sus facturas B2B electrónicamente, si en lugar de hacerlo con el formato local FatturaPa lo hicieran con el nuevo establecido por la Norma Europea 16931 que es, a fin de cuentas, el que por obligación han de usar con la Administración. Del mismo modo, para el resto de Estados miembro, abriendo así las puertas a realizar transacciones comerciales con empresas de otros países sin quebraderos de cabeza burocráticos.

Desde la Asociación Europea de Proveedores de Servicios de Factura Electrónica (European E-invoicing Service Providers Association, EESPA), a la que Esker pertenece, llevan años apostando por extender los beneficios de la e-factura al B2B. La EESPA sitúa al e-invoicing como el punto de apoyo en torno al cual se automatiza toda la cadena de valor, propiciando una mayor rapidez y eficiencia en la cadena de suministro en el negocio. La automatización del e-procurement, las compras, órdenes de compra, pedidos, albaranes, facturas y pagos no solo supone ahorros y transparencia, sino que trae aparejada ingentes datos que, analizados correctamente, pueden proporcionar una información muy útil acerca de las transacciones y el desempeño de los socios comerciales, ya sean nacionales o internacionales.

¿Y entre tanto?

Aunque podríamos decir que nuestro país es un alumno aventajado en el contexto europeo, puesto que ya hace cerca de cinco años que la e-factura es obligatoria en las transacciones B2G que superen los 5.000 euros (a través del portal unificado para la recepción de factura FACe), en el terreno B2B queda un largo camino por recorrer.

¿Qué puede hacer una empresa en esta coyuntura, especialmente si había invertido anteriormente para adaptar sus sistemas a aquel estándar? Simplificando, podríamos decir que las que tiene a su alcance son dos: o bien se adapta a la normativa modificando sus sistemas de gestión o recurre a la conversión de formatos.

Una de las mejores opciones a la hora de afrontar este escenario es confiar en un proveedor experto, si bien es cierto que lo más recomendable no es solo asegurarse de que éste cumple con todos los estándares sino que, además, aporta la flexibilidad y agilidad necesarias que requieren los negocios en la actualidad. Y, en ese sentido, hablar de agilidad es hablar de la nube, confiar en que el proveedor experto se encargará de realizar las conversiones que sean necesarias, independientemente del formato de factura electrónica que manejemos en nuestra empresa. Este es el caso de las soluciones de factura electrónica de Esker, que gracias a su acuerdo con SOVOS, proporciona el formato adecuado de firma electrónica, sellos de tiempo y verificaciones en más de 90 países, aportando además la flexibilidad necesaria desde la nube.

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