2020, un año de aprendizaje positivo

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No cabe duda de que 2020 no ha sido un año fácil. Apenas arrancaba el año, y la incertidumbre se cernía sobre nosotros, haciendo que el cambio, que lo imprevisto fuera lo único seguro y constante. Sin embargo, lejos de realizar un balance negativo de este ejercicio, es posible –y recomendable- hacer una lectura mucho más positiva, en la que un aprendizaje positivo nos ha acompañado mes a mes, terminando por hacernos más fuertes.

El 2020 que estamos a punto de dejar atrás ha estado marcado por el reto  de mantener la continuidad de los negocios frente a cualquier adversidad y, afortunadamente, en buena parte de los casos esto ha sido posible. Sería ingenuo situar en el mismo punto de partida a todas las organizaciones, puesto que mientras había algunas de ellas que habían iniciado ya su proceso de transformación digital, otras han tenido que pisar a fondo el acelerador para adaptarse al nuevo entorno cambiante que nos ha tocado vivir.

Sea como fuere, la digitalización en las empresas ha dado un paso de gigante, dando alas a la innovación y sacudiéndose prácticas del pasado con las que antes de 2020 ya comenzaba a resultar muy complicado desenvolverse en un entorno cada vez más competitivo.

La era de la automatización y la IA

El impacto que ha sufrido la cadena de suministro durante estos meses ha hecho imperativo que las organizaciones aprendieran a ser ágiles y ha puesto a prueba su capacidad de adaptabilidad al cambio. Gracias a la digitalización, las empresas no sólo han sido capaces de reajustar sus stocks rápidamente a la nueva realidad, sino que además han podido recurrir a alternativas y sacar fruto de la búsqueda de eficiencia en sus procesos.

En esta línea, la aplicación de nuevas tecnologías como la Inteligencia Artificial (IA) y el aprendizaje automático (machine learning) ha demostrado su valía de manera incontestable. Esta flexibilidad se ha evidenciado en procesos como la gestión de compras y la automatización pedidos, así como de las cuentas tanto por pagar como por cobrar.

Al mismo tiempo, el objetivo de alcanzar la oficina sin papeles del que tantos años llevamos hablando ha cobrado protagonismo en absolutamente todas sus dimensiones. Por un lado, por el modo en que se maneja e intercambia la información, que gracias a los sistemas cloud ha posibilitado que los silos de información que lastraban la agilidad organizativa queden atrás, haciendo disfrutar a las empresas de una visibilidad de su negocio absolutamente inédita.

Por otro, por la automatización y digitalización de procesos como la factura electrónica, que en entornos además como el europeo está alcanzando una madurez que beneficia a todos los actores implicados, simplificando la administración e, incluso, generando nuevas oportunidades de negocio al acceder a mercados antes coto cerrado. Todo ello, además, al tiempo que la tecnología allanaba el camino del, en muchas ocasiones, complejo cumplimiento normativo cuando se opera en diferentes localizaciones internacionales.

El mimo al empleado

El aprendizaje positivode todo este ejercicio ha traspasado lo meramente tecnológico, aunque sin duda la tecnología ha posibilitado llevar a la práctica esas lecciones. Hablamos, por ejemplo, del cuidado por los empleados, cuyo esfuerzo y entrega han superado cualquier expectativa y ante lo cual las organizaciones han tratado de mostrar su reconocimiento.

La explosión que ha vivido el teletrabajo vivió su momento pico durante los meses de confinamiento en los que las oficinas permanecieron cerradas. Sin embargo, tras el levantamiento de las restricciones, el trabajo remoto en nuestro país se ha mantenido en niveles muy superiores a los registrados antes del mes de marzo, lo que evidencia el deseo por parte de las empresas de cuidar a su familia de empleados, por favorecer una conciliación que hoy más que nunca es vital.

Las lecciones con nuestro ecosistema

Este aprendizaje positivo, esta andadura hacia la resiliencia que hemos emprendido, también ha encontrado reflejo entre partners y proveedores, que se han apoyado unos en otros para que nadie quedara atrás, porque la continuidad de negocio de uno es la del resto. Así y, de nuevo gracias a la tecnología, ha sido un periodo en el que la empatía y el sentimiento de comunidad han estado muy presentes.

Entre las tendencias que se han ido consolidando durante estos meses encontramos, por ejemplo, la automatización de la gestión de proveedores, que han visto cómo ganaban más autonomía, cómo ellos mismos accedían a los portales de autoservicio y gestionaban pedidos, facturas, agilizando pagos y cobros en un momento en el que era más necesario.

En este mismo sentido y de idéntico modo que la empatía entre empleados y empresas ha ganado muchos enteros, también ha sucedido con las organizaciones y sus partners. Prueba de ello es el modo en que muchas compañías han apostado por los sistemas de gestión del crédito o credit management pero, a diferencia de utilizarlos únicamente como una medida defensiva contra posibles impagos, hacerlo como el medio con el que aportar el balón de oxígeno que necesita nuestro ecosistema de partners, proveedores o clientes. Este margen de confianza, basado en una toma de decisiones informada y confiable, ha retroalimentado al resto de la comunidad, fortaleciendo los eslabones que más débiles se encontraban y, con ello, impidiendo la fractura, y favoreciendo por lo tanto el aprendizaje positivo.

Esta es, en conjunto, la gran aprendizaje positivo de este 2020: cómo la apuesta y aplicación inteligente de la tecnología ha favorecido a mejorar las relaciones entre los distintos actores que intervienen en el negocio, tanto de puertas para dentro de la organización, como de cara al exterior.

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